Declaración Universal de los Derechos del Calzoncillo.

Pamplona, 24 de mayo de 2014. Seis jóvenes armados hasta los dientes incisivos atacan a un calzoncillo indefenso y le golpean sin piedad, causándole varias lesiones de extrema gravedad. Desde ese momento, el calzoncillo quedó traumatizado y fue incapaz de llevar a cabo tareas habituales como hablar, sellar la primitiva o jugar a las ranas. Enterado de ello, el Doctor Gominolo se puso a trabajar en un documento que garantice los derechos de los calzoncillos, de modo que puedan llevar una vida digna. Tras varios meses de estudio, escribió la Declaración Universal de los Derechos del Calzoncillo, con el asesoramiento de Don Leoncio Piernas (Jefe de Sistemas Informáticos) y Doña Mari Encarni Gómez-Cencerro (Directora de Innovación y Desarrollamiento). Esta declaración consta de un preámbulo y dieciocho artículos, y deberá ser ratificada por la Organización de las Naciones Unidas, hecho que sucederá en los próximos meses. Todos los miembros y miembras de la Fundación Calzoncillos sin Fronteras nos sentimos orgullosos de estar trabajando para mejorar la vida de los calzoncillos y poner las bases para lograr que su existencia sea fructífera y se desarrolle en un entorno de libertad y respeto.

Declaración Universal de los Derechos del Calzoncillo.

PREÁMBULO

Esto normalmente es un rollo y no se lo lee ni Dios, así que pasamos directamente a los artículos, que es donde está lo gordo.

ARTÍCULO 1

Todos los calzoncillos nacen libres y con los mismos derechos, incluso los que tienen dibujos de flores y mariconadas por el estilo.

ARTÍCULO 2

Todo calzoncillo tiene derecho a ser considerado persona humana con aspecto de calzoncillo, cromosomas de calzoncillo y sentimientos de calzoncillo.

ARTÍCULO 3

Todo calzoncillo tiene derecho a una vida digna, esto es, a salvo de las cacas, tanto si estas aparecen con previo aviso (turbulencias acompañadas de mayor o menor contaminación acústica) o de manera no planificada (flujo tumultuoso provocado por el apretón inoportuno).

ARTÍCULO 4

Ningún calzoncillo estará sometido a esclavitud, y el tráfico de calzoncillos estará prohibido y será considerado delito de lesa calzoncillez.

ARTÍCULO 5

Todos los calzoncillos tienen derecho a ser respetados por los demás anímales carnívoros, como pueden ser un extintor o un servofreno. Aun reconociendo que un extintor de los gordos es muy útil para arrojárselo al árbitro, y que el servofreno es lo más adecuado si necesitamos servofrenar, ninguno de ellos podrá anteponer sus derechos a los de ningún calzoncillo.

ARTÍCULO 6

Independientemente del contexto en que se halle, ningún calzoncillo estará obligado a llevar a la espalda un dromedario, puesto que el elevado peso de estos anfibios puede causar daños en la médula espinacal del calzoncillo.

ARTÍCULO 7

Todo calzoncillo tiene derecho a negarse a contestar si alguien le pregunta cuánto es la raíz cúbica de uno, faltaría más. Que se lo pregunten a algún matemático profesional, a ver si lo sabe.

ARTÍCULO 8

Todo calzoncillo tiene derecho a leer el Marca al menos durante dos horas al día en horario laboral, en las mismas condiciones que cualquier funcionario de la Administración Pública.

ARTÍCULO 9

Todo calzoncillo tiene derecho a una vivienda digna, dotada al menos de salón, cocina, cuarto de baño, seis habitaciones, helipuerto, pista de pádel, bolera, frontón, piscina y algo para el ocio.

ARTÍCULO 10

Aquí iba a poner una chorrada como un piano, así que no pongo nada y a correr.

ARTÍCULO 11

Los calzoncillos equipados con lanzallamas tendrán los mismos derechos que el resto de calzoncillos. Aclaración: el lanzallamas es como un bolígrafo, aunque de trazo algo más grueso.

ARTÍCULO 12

Calzoncillos frente a boticarios. Es conocida la rivalidad existente desde tiempo inmemorial entre estos dos grupos étnicos, provocada por las actuaciones alevosas de los boticarios, que son todos unos cabrones. Por tanto, todo calzoncillo tiene derecho a negarse a acompañar a un boticario, ya que lo menos que puede llevarse es un disgusto.

ARTÍCULO 13

Todo calzoncillo tiene derecho a que le llamen por su nombre propio, pues lo contrario resulta artificioso a la par que ofensivo. Por ejemplo, si un calzoncillo se llama Winston Ruperto y va uno y le llama Nicolasa, lo único que va a conseguir es cabrearle, porque eso está muy feo.

ARTÍCULO 14

La educación tratará de lograr el pleno desarrollo de la personalidad del calzoncillo y el fortalecimiento del respeto a los derechos de todos los calzoncillos del mundo terráqueo. Esto lo entienden hasta los tontos, así que no hace falta explicarlo más.

ARTÍCULO 15

Queda abolida la costumbre de colgar a los calzoncillos en el tendedero, pues se trata de una imprudencia que puede causar la muerte por asfixia.

ARTÍCULO 16

A todo calzoncillo le asiste el derecho de sentirse apenado cuando tiene pupa, e incluso podrá mostrar en público su enfado profiriendo expresiones duras y malsonantes, como "córcholis, tengo las pupas", o "caracoles, no exagero ni un ápice al afirmar que me encuentro realmente compungido".

ARTÍCULO 17

Todo calzoncillo tiene derecho a una pirámide como las que hacían los romanos, que eran maestros en el tema de las pirámides y los calamares.

ARTÍCULO 18

Todo calzoncillo tiene derecho a relacionarse libremente con las bragas en un marco no sexista y no competitivo orientado a la sinergia del "yo gano, tú ganas". Esto es como cuando Hamilton lleva las ruedas blandas y pone las duras, y como el coche corre menos, le echa la bronca al mecánico. Pues no, Hamilton, muy mal, acabas de quedar como un destalentao y un cabestro. Tú lo que tienes que hacer es conducir con prudencia, más despacio, porque si no, lo único que vas a conseguir es que el dueño de Mercedes te quite el coche para que no se lo rompas, o que la policía te ponga una multa, que pareces medio tonto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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